martes, 15 de diciembre de 2009

15 de Diciembre de 2009

101 | 7:12 pm

Hoy les voy a hablar un poco sobre Mariella, mi primera futura víctima de asesinato, y la muy romántica cita que tuvimos esta mañana.

102 | 7:15 pm

También les voy a hablar acerca de un sujeto llamado Rafael Arturo Tamayo Ávila; otro imbécil al que he tenido que llevar a cuestas 8 años.

103 | 7:18 pm

Mariella es una hermosa mujer de 31 años. Y no me refiero a sus atributos físicos, algo faltos del encanto propio de la belleza evidente.

104 | 7:20 pm

Rafael es un sujeto de unos 56 años, como yo, y de un exacerbado gusto por Rachmaninoff, como yo, porque Rafael soy yo, el mismo Reinaldo.

105 | 7:23 pm

Mariella fue abandonada por su padre, al nacer, y por su madre, al morir de una sobredosis de algún barbitúrico barato, 5 años después.

106 | 7:27 pm

Hace 8 años Reinaldo tuvo que desaparecer de la tierra, y se sucedió la triste metamorfosis en este cucaracho Gregorio Samsa llamado Rafael.

107 | 7:31 pm

Huérfana a los 5, y en un pueblo del Llano olvidado por Dios, Mariella fue acogida por un convento muy humilde, donde vivió 10 largos años.

108 | 7:33 pm

Durante los últimos 3 años, Reinaldo ha estado buscando regresar desde Rafael, y ya que al fin lo logra, debe mimetizarse de nuevo en él.

109 | 7:36 pm

Mariella vive ahora en la capital en una casa propia muy grande para compartirla sólo con su sombra. Necesita compañía. Dios no alcanza.

110 | 7:37 pm

Rafael tocó esta mañana, alrededor de las 10, la puerta de la casa de Mariella, y recién salió a las 5 de la tarde. Fue una linda visita.

111 | 7:45 pm

Rafael no es sino que el mismo Reinaldo, que soy yo, sólo que con nombre distinto. Sin embargo, Rafael fue hoy un mormón para Mariella.

112 | 7:50 pm

Toqué su puerta para hablarle un poco sobre Joseph Smith. Me dijo que era católica, que así moriría, y yo le dije “Por supuesto. Así será”.

113 | 7:54 pm

Le expliqué que mi intención no era convertirla, sino cumplir mi apostolado. Le ofrecí escucharla hablar sobre su fe e intercambiar un té.

114 | 7:56 pm

Mi propuesta comercial sobre los Santos de los Últimos Días fue mediocre. No deseaba convencerla. Ella empezó entonces su propaganda.

115 | 7:58 pm

Después de una hora hablando, le confesé que tenía dudas sobre mi fe y que nunca me había sentido tan a gusto con alguien. Sonreímos a coro.

116 | 8:01 pm

Me confesó que solía sentirse sola y yo le tomé la mano para transmitirle una fuerza que no poseía. Éramos dos seres heridos. Todo iba bien.

117 | 8:03 pm

En algún punto se estableció la fría incomodidad de saber que nos estábamos gustando, y Mariella lo resolvió invitándome a almorzar. Acepté.

118 | 8:09 pm

Resulta que Mariella cocina como los ángeles y hace maravillas con las cosas más mundanas de la gastronomía. Al menos eso le hice creer.

119 | 8:12 pm

Después del café, empezamos a conversar, sin pudor, sobre nuestras vidas. Sin darnos cuenta se nos cayó el día sobre la cálida complicidad.

120 | 8:15 pm

A las 5 de la tarde puse cara de asombrado y le dije que debía (mas no quería) marcharme. Le propuse volver mañana. Me dijo que llamaría.

121 | 8:27 pm

Ahora, cuando llego a casa, la cosa se hace más interesante. Porque Mariella me había seguido. Me dijo “Disculpa. Debía decirte algo más”.

122 | 8:28 pm

Ese algo más que debía decirme era que tenía una pareja. Una pareja de hace más de una década. Y, como supondrán, yo ya lo sabía.

123 | 8:30 pm

Le pedí que me esperara un segundo afuera, fui directo al cuarto donde había dejado a mi dinosaurio encerrado y le di otro somnífero.

124 | 8:32 pm

En casa, la tentación de rendirme a la improvisación y la carnicería sin sentido es siempre mayor. Le dije “Pasa. Sólo arreglaba un poco”.

125 | 8:37 pm

Me confesó lo ya obvio. Nuestro casual encuentro la había dejado movida emocionalmente. Dijo “Yo tampoco me sentía tan bien hace mucho”.

126 | 8:39 pm

Le invité una copa de vino y no aceptó. Me dijo que debía marcharse enseguida. Ese enseguida se prolongó 2 horas. Temía por el dinosaurio.

127 | 8:43 pm

Esta persona que la había acompañado por más de 10 años, tenía el doble de tiempo casado con alguien más. Su casa la había comprado él.

128 | 8:45 pm

Cuando se marchaba al fin, intentó besarme y empezó a llorar. Dijo “No puedo engañarte. Le debo todo a ese hombre. Nunca lo dejaré. Adiós”.

129 | 8:47 pm

Mi primer acercamiento hacia Mariella había resultado mucho más productivo de lo planeado. Asumo que en dos días nos veremos de nuevo.

130 | 8:51 pm

El dinosaurio se levantó adormilado y embobecido por tanto calmante. Le dije: “Ahora soy yo quien invade tu espacio al despertar”.

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